Rodeado de viñedos, este proyecto se posa con discreción sobre la tierra, integrándose de forma natural en el paisaje agrícola. La geometría, limpia y horizontal, combina muros blancos, piedra autóctona y madera, materiales que dialogan con el entorno y refuerzan su carácter atemporal.
El acceso se concibe como un recorrido pausado que atraviesa patios y umbrales formados por muros de piedra y paneles de madera.
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Un patio central organiza los espacios y actúa como bisagra entre interior y exterior. La transición hacia el paisaje es fluida: amplias superficies acristaladas permiten que la brisa, la luz y la vegetación penetren.
Bajo la superficie, una bodega excavada en la roca conserva la frescura y el silencio, evocando la tradición vinícola del lugar y conectando la construcción con la memoria de la tierra.
Cada detalle refleja una ejecución precisa y respetuosa con el contexto. Este proyecto es una pausa: un espacio de recogimiento y contemplación que permanece en continuidad con la tierra fértil que lo sostiene.